Para ir de compras vintage se requiere una actitud exploradora. Es necesario estar dispuesta a investigar percheros, a ensuciarse las manos, a no perder la curiosidad y a agudizar el ojo para detectar todas las oportunidades. Sólo así se consiguen piezas dignas de un museo, pero adquiridas a precios de risa.
“Hay que comprar prendas que valgan la pena. No se trata de adquirir ropa vieja porque sí. Estas prendas son valiosas sólo si cumplen determinados requisitos: porque son clásicas, porque son de una marca prestigiosa y de calidad o porque son piezas confeccionadas en telas que hoy raramente se consigan”, aseguran desde Grupo Imagen.
Lo importantes es “buscar la figurita imposible”, señala María Pínola, Directora de Grupo Imagen. ”Lo vintage nos permite acceder a productos de diseño y de calidad a precios accesibles al bolsillo que de otra manera nos serían inalcanzables. No hay que perder de vista esta idea para no tentarnos con prendas que pueden resultar atractivas a primera vista pero que no valen la pena cuando agudizamos la mirada”.
María aconseja que hay que “imaginar las prendas en otros contextos. El entrenamiento en esta cacería implica también visualizar las prendas en otros contextos diferentes al de la tienda. A primera vista, una camisa o una pollera pueden resultar pasadas de moda, anticuadas o mamarrachos, pero si las miramos con otros ojos hasta quizás terminemos amándolas porque encontramos conjuntos ideales”.
Respecto de la mirada minuciosa y detallista, sostiene que es vital “inspeccionar costuras, botones, cuellos, puños y cierres. Cuando encontramos una prenda que nos interesa, hay que hacer una evaluación profunda de su estado. Si tiene suciedad que puede eliminarse con un lavado, no es importante, salvo que sea una mancha resistente a todos los productos de limpieza. También hay que mirar si las costuras están en buen estado y si tiene todos y cada uno de los botones, especialmente, si marcan la diferencia y el estilo de la prenda. El cuello y los puños no deben estar demasiado gastados porque eso no se arregla”.
Además, sugiere “evitar pensar en posibles arreglos”. “Nunca conviene arreglar o modificar demasiado una prenda de este tipo, por lo tanto, es importante que sea de nuestro talle, de lo contrario, no vale la pena porque termina siendo mayor el esfuerzo y el gasto”, continúa.
Por último, la experta concluye que “las prendas que más convienen son abrigos, pilotos, carteras, cinturones y pañuelos”.